domingo, 12 de septiembre de 2010

"Mi mundo color sepia"

Mi mundo color sepia.
[N.Rose]

En un mundo de fantasías y torrentes inexactos, donde el latir tan rítmico de mi corazón se congela, donde una silueta se dibuja con la poca nitidez que me queda de cordura; un grito se deja escuchar entre escombros, en medio del pasillo, haciéndome olvidar qué tanto hice o pude hacer, para llegar a aquel laberinto donde tan solo ahí puedo ver mis esperanzas, tiradas en el suelo y cayendo en pedazos a un pozo sin fin, cada una de ellas.

Quiero salir y correr, pero las paredes inconclusas no dejan de moverse y formar nuevos caminos; frente a mí no hay nada más que oscuridad inerte, pero a pesar de ello el cielo está en estado sepia y denota vida, la vida que en mí es inexistente, la vida en mí que ya no vuelve con nada, la vida en mí que ya esta muerta; aquel cielo, aquella vida color sepia, están tan lejanos, como si mi destino se quisiera asegurar que no podré llegar a mi meta. Discordia, es un mundo capcioso, lleno de amargura, de pronto frente a mi algo suave y sutil, roza mis pies, miro y es agua.

Descubro un mar, un mar tranquilo, pero a pesar de su belleza no puedo estar serena, no puedo; cuando pensé haber salido por fin de aquel laberinto, tan solo hallé más desesperanza. Aquel mar son como mis dudas, las que hasta de mí misma, me hacen desconfiar.

Un sollozo silencioso, en mis ojos se descubren, no tolero más aquel dolor y caigo de rodillas, con las manos en la cara, frente a aquel mar, fugitivas lágrimas no dejan de brotar desesperadas; me siento tan sola, mi alma angustiada se cae abrumada en los brazos de Lucifer queriéndose apoderar de mi alma…, me siento tan abandonada, me siento sola. Detrás de mí un chico me abraza; es mi amado, que me acaricia el cabello y besa mis lágrimas que no dejan de caer como nobles cascadas desde mis ojos; mi corazón con aquel noble gesto se acelera y sin más ni más nos abrazamos, quedando apoyada mi cabeza en su pecho , donde dulcemente cierro los ojos, y escucho el ruidoso y energético olaje del mar; que con furia su serenidad se espanta y desea arrebatarme este pequeño claro de esperanza.

Frente a mis ojos, tan solo se daba espacio al resonar de nuestras almas, en medio de aquel lugar donde el olaje era cada vez más fuerte y poderoso, no me interesaba nada más que el tener a alguien en quien apoyarme, detrás de nosotros un grupo de chicos que no conocía, se aproximaban acelerados; marchaban confiados hacia nuestro encuentro, caminaban en forma desafiante. El miedo me consumió, se apoderó de mi cuerpo, el miedo me petrificó y no podía hacer nada; al parecer ya estaba todo perdido, la desesperación se estaba apoderando de todo mi cuerpo y de mí; pero no era capaz de moverme, víctima del temor, estaba escribiendo mi propio destierro.

Aquel grupo se aproximaba cada vez más y más hacia nosotros; me sentía inútil al sentirme en peligro y no poder alertar a mi amante. Uno de los jóvenes empuja hacia atrás a mi amado, separándolo de mí y alejando sus brazos protectores, entumeciéndome por completo, que mi cuerpo cae muerto, hacia atrás.

Otros de los jóvenes de aquel grupo, me toma, me sujeta y me obliga a mirar. Me obliga a mirar aquello que estaba a cada centímetro más cerca del cuerpo de mi amante. Lo golpeaban con fuerza, yo tan solo era capaz de llorar y pedir misericordia, no era capaz de seguir mirando como saltaba frente a mis ojos la sangre de mi amado…,no, no era capaz, él tan solo se cubría el rostro con sus manos, tratando que no lo viera y rogando para que me dejasen ir, pero no, era inútil.

De pronto uno abrió su chaqueta y en su cinturón un arma, guardada cautamente. Mis ojos se abrieron de la impresión y mi corazón latía casi al borde de una taquicardia. Saca el arma y apunta, los demás se alejan y junto con el sonido de la bala saliendo directo al pecho de mi ser amado, se deja escuchar un grito de entre mis labios, pero era inútil, él yacía inerte en el suelo; aquel hombre con el arma al ver mi cara, sádicamente me apunta a mi también y jala del gatillo, pero sin mayor puntería me deja moribunda, y corre del lugar junto a los otros. Ahí donde tan solo mi sangre y la de mi amado se mezclan como una sola.

Aquel humillante destino, tan solo como espuma en el mar, mi esperanza se robó y mi corazón se vuelve a congelar, dando lugar a que retorne mi soledad.

viernes, 25 de junio de 2010

Se me olvido que te olvide, bailarina. [N. Rose]

Se me olvido que te olvide, bailarina.
(N. Rose)

En frente del espejo tan sólo veo el recuerdo que es pasado, la caja musical tan bella melodía dejaba que mis oídos escucharan, tan bien entonada, sabía que solo éramos tú y yo, bailarina, bailarina que bien bailas, enséñame..., por favor...; dejando que el murmullo de la ciudad se alejara, dejando que la luz se despidiera con un ondeo de su ultimo rayo de sol por la ventana, queriendo volver a mí, luego te alejabas... bailarina, bailarina que bien bailas, enséñame el secreto que guardas..., quieres huir, pero te da miedo alejarte, quieres acércate; pero temes que no te aplaudan.... La luna ya se acerca, le temes a la oscuridad, pero luchas con tu temor, te miro, te miro... pero tengo miedo a quebrarte..., bailarina, bailarina que bien bailas... quise hace tanto poder observarte,... ya la música comienza a acelerar y creo que no soy el único público que te ve bailar, que amplio salón, sería injusto guardarnos para nosotros, ¿no crees?... bailarina, bailarina déjame abrazarte, estrecharte fuerte; sentir tus labios... no sé que debo decir, no lo sé..., quieres huir, tengo miedo de causarte daño, no me temas que ya no soy igual, no me temas que ya quise y pude cambiar..., recuerdo tantas cosas de ayer, que ya se me olvido que lo olvide... déjame que los recuerdos surjan, no detengas la música, bailarina, bailarina eres tan serena, que me da miedo el estropear tu perfección conformada de armonía y pasión.... quieres soñar con un mañana próximo y yo cruzar el fin de este sesgo, saltar el rosal sin salir mal... ya somos dos... o tres, ya no lo sé....

Ya no contare tus pasos, ya no contare más... ya son tantos que me saben a amargura sustentada en dolor, no quiero verme reflejo de tu amargura, ya no es dulce la tonada bailarina, ya la noción del tiempo me sabe a infierno..., bailarina, bailarina que bien bailas,... que bien me dañas, por qué lloras, por qué eres tú y no soy yo... bailarina déjame ver tu sonrisa nuevamente, déjame ver tu rostro radiante de alegría; bailarina, bailarina pronuncia mi nombre otra vez... una vez más, no me mires con ese rostro que ya estas en brazos de alguien más y aunque mires para atrás ya es tarde, el problema es que se me olvido que te olvide... ya tus labios rozan los de otro, ya tus brazos abrazan a otro y aunque tu mirada aun mire hacia mí, ya es nada lo que puedo hacer por ti,... solo la soledad sabe cuanto te ame y cuanto te quiero, eso sí....

Ahora qué crees que debo hacer, tan solo toma mi mano que ya lo que había olvidado, olvide que lo hacía, tan solo coge mi mano y llévame contigo, bailarina, bailarina haz sonar la caja musical, para que la melodía vuelva a ser un dulce vals...., bailarina, bailarina es que olvide que te había olvidado.-

sábado, 15 de mayo de 2010

Las espinas de una rosa (N. Rose)

Las espinas de un rosa.

(N. Rose)

Era un día frío, en las calles no se distinguía nada, producto de la espesa neblina, los calmados pasos de una muchacha era lo único que se sentía. Miraba hacia el cielo, al parecer comenzaría a llover, pues sin más puso sus manos dentro de las carteras de su largo abrigo y acomodo antes de aquello su larga bufanda rojo vino; camino sin apurar el paso, pues era inevitable que su cabello se mojase, y que al parecer era lo que menos le importaba, sus pensamientos se entrecruzaban unos con otros, todo era difuso, confuso, heterogéneo, cambiante…, a la compañía del viento y de las primeras escasas gotas de lluvia su cabello se ondeaba y se mojaba; su vista fija y sin brillo; sus manos a pesar de ello calidas, como el caluroso y tierno regazo de una madre; pero que sin embargo, esta joven desconocía…

Ya la lluvia era tormenta, brava y severa; la chica seguía ahí, caminando sin rumbo…, su cara pálida, sus ojos castaños, sus labios bien delimitados y rojos, quizás por el frío, no mostraban expresión alguna…, quizás no sentía lo necesario como para mostrar aquellos sentimientos… o quizás simplemente era el dolor en su interior lo que se lo impedía.

- ¿Constanza?- pregunto un chico de cabello un tanto largo peinados hacia atrás y oscuro, ojos castaños, profundos…

La chica miro hacia atrás, su rostro cambio de impresión, sus emociones afloraron, su corazón latía al rigor de una severa taquicardia, la lluvia acrecentó, pero al parecer de ambos parecía dulce y calida…

- quizás y solo quizás… tú seas la única razón por lo cual yo dejaría, que el infame roce de las aguas de una tormenta no me preocupase…- dijo ella mirándole, conteniendo la felicidad en su pecho.

- Pues no lamento esto, pero aun así, debo disculpar mi demora… aunque sabías que esperarme…- dijo sin acabar el chico

- Era como esperar que floreciera en el desierto… aunque tarde, llegará…- dijo sonriendo y bajando la mirada, con una mano empuñada delicadamente sobre su pecho suavemente acomodada, pero ejerciendo una leve presión sobre el mismo.

El joven le sonrió y se acerco a ella; sin más la abrazo. Ella apoyo su frente sobre su pecho y rodeo al chico con sus brazos, a la vez que seguía conteniendo sus sentimientos y tragaba saliva, para que la pena que apretaba su pecho no se expresaran en amargas lágrimas que prefería tragar dolorosamente, aunque sintiera que tragase una caja de finas y puntiagudas espinas.

- Sé que debes marcharte… mas no deseo que lo hagas… sin embargo, no debo dejar que mi egoísmo te haga prisionero.- dijo en un lastimero y doloroso suspiro y con el aliento a precisos cortes.

- No quiero marchar…, sin embargo, es mi deber…, pero juro… que pronto volveré.- dijo sin poder acallar una lágrima de sufrimiento al dejar a la joven Constanza.

- Sabes que no sé… si podré esperar…, sin embargo, es lo que mi alma desea, pero mi razón discute… y dice que no… por ello no lo sé…, mas bien no llores por mí… que quizás esto tan solo sea una tonta ilusión…- dijo a la par que limpiaba gentilmente la lágrima del rostro del joven.

- Tonta… já… pues bien sabes que no es así…, pero aunque no me esperes, yo volveré a buscarte a… ti.- dijo tomándole de la barbilla, para que le mirase a los ojos.

La chica enmudeció y lo abrazo fuertemente… y no pudo seguir conteniendo las lágrimas que la atormentaba…

- Victor… te amo.- dijo sin mirarle, pero a la vez con una voz temblorosa.

- Y yo a ti…- la separo de sí y la beso.

Junto a aquel beso, la tormenta se apaciguo, pero siguió lloviendo; el claxon del barco en el que debía zarpar Victor, sonaba por tercera vez, dando su último aviso antes de salir del puerto.

- ya debes marcharte… ya vete…- dijo dejándole de besar y dándose la vuelta.

- Es cierto…, soy un hombre de mar…, pero volveré…- le tomo la mano derecha y de uno de sus bolsillos saco un anillo igual al que el llevaba puesto en su dedo meñique de la misma mano y se lo coloco de igual forma.- mientras lleves esto seguiremos juntos…

Se marcho, ella lo miraba a la vez que se dirigía de vuelta a su hogar, de vuelta a la realidad…

El sentimiento oculto. (N. Rose)

El sentimiento oculto.

(N. Rose)

La luz de una humilde y corriente puesta de sol, se reflejaba en el agua… era cristalina y se transparentaba como tan sólo está era capaz de hacerlo. Un chico sentado sobre la arena de la playa; con las piernas recogidas y apegadas al pecho le contemplaba, en sus ojos se era capaz de visualizar el reflejo de la misma, como si fuesen sus ojos las propias aguas de aquel inmenso mar. Con energía se agitaban las olas al romper en las rocas, el estruendo era fuerte, la corriente del agua se alocaba y la marea comenzaba a subir con energía; el ocaso comenzaba a transparentarse por cada segundo que pasaba; mas el seguía ahí, tal parecía que no deseaba moverse, su respiración parecía tan tranquila; yo le contemplaba desde lejos.

Aquel chico vestía de una playera rojo oscuro y de unos pantalones color crema, acompañado con unos tenis blancos con azul. Miraba su objetivo sin perder de vista ni el más mínimo detalle de él; respiro hondo y desde bajo de su camiseta saco un colgante que llevaba al cuello y lo vio con mucho cariño, apretándolo con fuerza entre sus manos y besándolo, para luego quitárselo y echarlo al mar, a la enérgica corriente. Miro como el colgante se iba con las olas mar adentro y lo despidió con una bella tonada de violín, aquel fino y delicado instrumento, al ser tocado por él, mas bien parecía una extensión de su cuerpo, le tocaba con una maestría excepcional, que al menos yo jamás había sido capaz de ver, comenzó a tocarle con fuerza y su mirada cristalina que observaba las aguas con distinción, comenzaba a tornarse opaca, sin brillo, como si las aguas se llevasen también su corazón; mi corazón se estremeció al comenzar a escuchar lo que seguía de la tonada, mis ojos se comenzaba a humedecer sin saber el por qué de ello, al escuchar la triste y dolorosa tonada que ahora se dejaba escuchar entre el olaje frenético y el aullar de las gaviotas. Sus manos se movían ágiles por el mango del instrumento y con fuerza sus dedos ejercían presión delicadamente sobre las cuerdas, mientras que la otra mano se movía rítmicamente para hacer sonar su objeto como acto de maravilla; yo no podía hacer nada más que mirarle atónita, como si me hubiesen robado el habla de improviso, sin embargo, aquella belleza fue manchada por su rostro que denotaba un gran dolor, la impotencia me comenzaba a ganar; ya que no podía hacer nada más que mirar y observar a aquel chico.

Mientras que yo le miraba y él tocaba, giro su rostro y me miro justo a los ojos, yo no pude aguantar más aquello, no podía seguir aguantando que él sufriera por mí, no podía seguir tolerando que él cargase con un dolor que era de los dos, no podía cargar con un dolor que ambos compartíamos; no podía soportarlo más, por lo que corrí frenética, bajando las filosas y resbaladizas piedras de la costa y llegue hasta la arena, él sin embargo, no paraba de tocar el gentil instrumento, mientras esperaba que yo llegase a su encuentro, sus dedos ya comenzaban a sangrar; aquello me causo mucho dolor, por lo que corrí con más energía hasta que lo alcance y el arrojo su violín, cayendo a un lado de él y me abrazo, aquellos brazos que desde hacia mucho que no sentía, aquel regazo del que me habían apartado, él me abrazaba, sin importar quien más nos viese, sin importar que pudiese pasar en unos momentos más, tan solo nos importaba el estar juntos, sin importar las injurias que caerían sobre nuestros hombros, sin importar que tan doloroso sería esta vez el adiós..., no nos importaba nada más que el momento tan dulce en el que yo me podía apoyar en aquel pecho nuevamente. Quizás es que le amo..., o quizás es que le odio, mas mi corazón latía acelerado y él no dejaba de abrazarme con fuerza, mientras yo respondía el abrazo, apoyando mis manos en su pecho y tapando mis ojos, para que el no viese las frágiles lágrimas que caían sin reten alguno por mis mejillas, resbalando desde mis retinas, hasta el borde y fin de mi rostro, manchando su camiseta.

- vamos... no llores, no hay necesidad de llorar; no...- no fue capaz de terminar de hablar; la garganta se le había apretado o eso pude percibir.

No quise decir nada, pues sentía que si decía algo moriría, aunque en aquel mismo segundo era capaz de morir y aquello no me importaba; la culpa me carcomía, yo era la causante de su dolor, la causante de aquel sentimiento tan desdichado; la sorpresa de sus calidos dedos secando mis lágrimas, me sorprendió y me alerto, provocando que le mirase justo a aquellos ahora opacos ojos carmesí, aquellos castaños ojos que ahora me petrificaban con su dolor y su rencor, <<¿tanto me odiaba?>> fue lo que me pregunte, tratando de despertar de aquella pesadilla a la que su nostálgica mirada me sumergía.

- ya nada será como antes..., este es un adiós; ya no seremos más que conocidos y este será lo que te dejara libre para siempre.- tomo el colgante gemelo al suyo que ahora flotaba mar adentro, que colgaba por mi cuello y lo arranco con fuerza; me dejo de abrazar y se acerco al agua, caminando mar adentro con el colgante en la mano. Yo tan solo pude ver como él se perdía entre las frecuentes y furiosas olas; como la ahora luz de la luna le guiaba a la muerte; mi mano se aferraba a mi pecho y mis lágrimas no paraban de fluir, más sabía que era mi responsabilidad, por lo que aguarde en silencio; hasta que su silueta se dejo de ver y desapareció él junto a la espesa neblina del mar, empujado por las olas.

De ello lo único que recordare y por siempre lo haré, será "no llores, no hay necesidad de llorar..."