Las espinas de un rosa.
(N. Rose)
Era un día frío, en las calles no se distinguía nada, producto de la espesa neblina, los calmados pasos de una muchacha era lo único que se sentía. Miraba hacia el cielo, al parecer comenzaría a llover, pues sin más puso sus manos dentro de las carteras de su largo abrigo y acomodo antes de aquello su larga bufanda rojo vino; camino sin apurar el paso, pues era inevitable que su cabello se mojase, y que al parecer era lo que menos le importaba, sus pensamientos se entrecruzaban unos con otros, todo era difuso, confuso, heterogéneo, cambiante…, a la compañía del viento y de las primeras escasas gotas de lluvia su cabello se ondeaba y se mojaba; su vista fija y sin brillo; sus manos a pesar de ello calidas, como el caluroso y tierno regazo de una madre; pero que sin embargo, esta joven desconocía…
Ya la lluvia era tormenta, brava y severa; la chica seguía ahí, caminando sin rumbo…, su cara pálida, sus ojos castaños, sus labios bien delimitados y rojos, quizás por el frío, no mostraban expresión alguna…, quizás no sentía lo necesario como para mostrar aquellos sentimientos… o quizás simplemente era el dolor en su interior lo que se lo impedía.
- ¿Constanza?- pregunto un chico de cabello un tanto largo peinados hacia atrás y oscuro, ojos castaños, profundos…
La chica miro hacia atrás, su rostro cambio de impresión, sus emociones afloraron, su corazón latía al rigor de una severa taquicardia, la lluvia acrecentó, pero al parecer de ambos parecía dulce y calida…
- quizás y solo quizás… tú seas la única razón por lo cual yo dejaría, que el infame roce de las aguas de una tormenta no me preocupase…- dijo ella mirándole, conteniendo la felicidad en su pecho.
- Pues no lamento esto, pero aun así, debo disculpar mi demora… aunque sabías que esperarme…- dijo sin acabar el chico
- Era como esperar que floreciera en el desierto… aunque tarde, llegará…- dijo sonriendo y bajando la mirada, con una mano empuñada delicadamente sobre su pecho suavemente acomodada, pero ejerciendo una leve presión sobre el mismo.
El joven le sonrió y se acerco a ella; sin más la abrazo. Ella apoyo su frente sobre su pecho y rodeo al chico con sus brazos, a la vez que seguía conteniendo sus sentimientos y tragaba saliva, para que la pena que apretaba su pecho no se expresaran en amargas lágrimas que prefería tragar dolorosamente, aunque sintiera que tragase una caja de finas y puntiagudas espinas.
- Sé que debes marcharte… mas no deseo que lo hagas… sin embargo, no debo dejar que mi egoísmo te haga prisionero.- dijo en un lastimero y doloroso suspiro y con el aliento a precisos cortes.
- No quiero marchar…, sin embargo, es mi deber…, pero juro… que pronto volveré.- dijo sin poder acallar una lágrima de sufrimiento al dejar a la joven Constanza.
- Sabes que no sé… si podré esperar…, sin embargo, es lo que mi alma desea, pero mi razón discute… y dice que no… por ello no lo sé…, mas bien no llores por mí… que quizás esto tan solo sea una tonta ilusión…- dijo a la par que limpiaba gentilmente la lágrima del rostro del joven.
- Tonta… já… pues bien sabes que no es así…, pero aunque no me esperes, yo volveré a buscarte a… ti.- dijo tomándole de la barbilla, para que le mirase a los ojos.
La chica enmudeció y lo abrazo fuertemente… y no pudo seguir conteniendo las lágrimas que la atormentaba…
- Victor… te amo.- dijo sin mirarle, pero a la vez con una voz temblorosa.
- Y yo a ti…- la separo de sí y la beso.
Junto a aquel beso, la tormenta se apaciguo, pero siguió lloviendo; el claxon del barco en el que debía zarpar Victor, sonaba por tercera vez, dando su último aviso antes de salir del puerto.
- ya debes marcharte… ya vete…- dijo dejándole de besar y dándose la vuelta.
- Es cierto…, soy un hombre de mar…, pero volveré…- le tomo la mano derecha y de uno de sus bolsillos saco un anillo igual al que el llevaba puesto en su dedo meñique de la misma mano y se lo coloco de igual forma.- mientras lleves esto seguiremos juntos…
Se marcho, ella lo miraba a la vez que se dirigía de vuelta a su hogar, de vuelta a la realidad…